Laura Andreoni

Verónica Martínez

Emiliano Bonfanti

Roque Larraquy

Isabel Gruppo

Juan Rearte

Ana Paula Luberti

Natalia Gauna

Diego Ibáñez

Mauro Lo Coco

Pablo Leguizamón

Cristina Lobaiza

Fernando Polito

Fernando Chulak

Spirĭtus dlV

Mariana Komiseroff

Laura Andreoni

 

Artista visual y docente. (9 de Julio- Buenos Aires - 1962). Egresada de la E.N.B.A Manuel Belgrano - de la E.N.B.A Prilidiano Pueyrredón - Licenciada en Artes Visuales  I.U.N.A. Desde 1986 participa en muestras nacionales e internacionales de Arte Correo, Libro de Artista, Gráfica Experimental, Poesía Visual y Objetos. Entre 1996 y 2008 colabora junto a un grupo de artistas con el proyecto Vórtice Argentina dirigido por Fernando García Delgado.  Participa con su obra en la conformación y desarrollo del MOC - Museo del Objeto  Contemporáneo (2009 - 2013).

La polaca

 

“No habrá ninguna igual, no habrá ninguna…”

(Homero Manzi)

 

Desde el estante más alto, ella le sonreía. Claro que esa sonrisa era solo perceptible a los ojos de Víctor.

-Dame esa. No, esa no. La rubia de ojos celestes que está a la derecha del bebote. Esa.

Víctor abrió la billetera y extendió el dinero sobre el mostrador para concluir la transacción comercial y los diálogos forzados. La sociabilidad no era lo suyo; muy por el contrario, la padecía. Pidió que la envolvieran y salió de la juguetería esgrimiendo un saludo parco y a disgusto. Llegó a su casa, fue hasta el dormitorio y dirigió su vista a la cómoda. La polaca parecía mantener la inútil calma del que se sabe condenado. Desarmó el envoltorio y en un movimiento ágil, el antebrazo desplazó a la vieja compañera y la nueva ocupó el sitial privilegiado. La reemplazada reposaba en el piso, injusto para quien hasta ese día ostentaba el título de única elegida, su fetiche adorado, la dueña de orgasmos inconfesables, la compañera silente pero infaltable en noches oscuras de veneración pagana. Intentó una despedida corta, sin dramatismo ni alarde.

-Chau, polaca. Gracias por todo.

Una lágrima gorda y pesada rodó por la mejilla de Víctor, mojando el pelo otrora dorado de la polaca. Quiso deshacerse de ella metiéndola en una bolsa de residuos. Como si no verla bastara para olvidar la devoción hecha carne. La mano le temblaba mientras la polaca abría y cerraba sus pestañas azabache, guardando su mirada azul. Estuvo así unos minutos, hasta que la angustia le ganó el pecho. Emulando un final de novela rosa, tomó a la polaca de un brazo y la abrazó fuerte.

-Perdoname, soy un boludo, ya me conocés. Volvé a tu lugar, nadie como vos. Nadie.

La nueva había durado lo mismo que duran las promesas obligadas, esas destinadas a quebrarse apenas nacen.-

 

Verónica Martínez

 

Es psicóloga social, psicodramatista y aprendiz de escritora. Cuenta con varias publicaciones en revistas de arte de Argentina y México. Fue finalista del “Twitteratura 40” organizado por la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires (2014) Recientemente una de sus obras fue seleccionada por Diversidad Literaria (España) para integrar la antología “Érase una vez un microcuento II”. Además participa en varios ciclos literarios. Fanática de los Beatles y del mate dulce.

@martinez_vero

https://www.facebook.com/colectivosinchofer

Sin titulo.

Tiza pastel y lapiz sobre papel.

44x32 cm. 2014

Emiliano Bonfanti

 

Campana, 1985. Estudió en la Escuela de Artes Visuales “Juan Mantovani” de Santa Fe. Realizó el programa EPAC de ArtexArte. Fue becario del FNA y la Fundación Nuevo Banco de Santa Fe en el Taller de análisis y seguimiento con Rodrigo Alonso. Desde 2010 expone y participa de salones y concursos: Premio Itaú 2013, 102° Salón Nacional de Artes Visuales del Palais de Glace (Dibujo y Pintura), Bienal Nacional de Pintura de Rafaela 2013, entre los que obtuvo diversas distinciones. emibonfanti.blogspot.com.ar

e.

 

 

En la nube, huraño de todo. Incapaz de subir un pensamiento de tres peldaños. Él la llama su nube. Es la metáfora de una cierta monótona confusión interna. La más usada por los hablantes de la lengua, un modo común de mencionar la cosa. Tiene la correa del perro en la mano, pero hace rato que no baja la mirada y nota que no siente el tironeo. La correa está rota.

Podría llamar al animal en voz alta, pero no recuerda el nombre, aunque el dueño se lo mencionó muchas veces. Un nombre terminado en e. Un peldaño atrás tampoco sabe si es un macho o una hembra. Dedica unos minutos a recordarlo. Espera que el dato caiga de un lugar remoto y arrastre otros en alud hasta darle el nombre del animal. El alud es la metáfora de un encadenamiento atropellado de las ideas, también muy usada.

En la nube entiende que urgencias así sólo producen emociones primarias que empujan al error. El mismo deseo de claridad mental es inoportuno e ingenuo y también proviene de la nube.

Lo cruza una intuición terrible. Cree que el perro es suyo. Que él le puso ese nombre que ahora se le escapa. Le gustan los nombres terminados en e. Y en el vidrio de un taxi que pasa se ve tan alto como el dueño del perro que lo dejó a su cuidado. La acción se demora. Espera que el perro vuelva a él. Si en una escena de reencuentro reconoce su olor, habrá alguna certeza. Es importante el olor.

No es eso. La mano se ablanda en un ademán feliz de negligencia muscular. Tiene que soltar la correa.

Roque Larraquy

 

Buenos Aires, 1975. Guionista y profesor universitario. Es autor de La comemadre (Entropía, 2010) e Informe sobre ectoplasma animal (Eterna Cadencia, 2014).

 

 

Isabel Gruppo

 

Licenciada en artes visuales con especialización en grabado y arte impreso. Se dedica a la fotografía. Actualmente está intrigada por la imagen en relación al tiempo y al movimiento por eso está explorando el mundo del cine.

Participa en distintos circuitos de artes visuales como intercambios, subastas, exposiciones, ferias, salones, muestras colectivas e individuales y participaciones a beneficio. Trabaja en rodajes de cine como “Foto fija”.

 

 

 

 

Permanente y prematuro

 

Una cara es una cosa compuesta de partes, de articulaciones cambiantes de signos que se agolpan y desguazan en la memoria. Una cara que se desdibuja requiere del empeño constante de un observador tenaz y religioso, que hasta el agotamiento se dirija contra la maquinaria de las olas para afirmar un gesto o la peculiar forma en que la sombra se ajusta a un pliegue. Aprendí a leer en mi propia máscara las marcas de un episodio y hasta un registro de otro cuerpo. No hay sorpresa en esto: también la mueca de la muerte se desprende de las facciones jóvenes y deseables. Nos advierte que cabalga enérgicamente a la par de nuestros movimientos amorosos.

Desde que tu perfil comenzó a hacerse esquivo, lo busco y encuentro con desigual fortuna en insólitos lugares y en imprevistas cortezas y cáscaras, entre mis discos y en viejas anotaciones, pero también en los otros. Huellas registradas en intermitentes desconocidos de las que extraigo algo, una menudencia, residuos para componerte en un estante secreto, pero en el más favorable, el más oscuro y menos concurrido. Así voy reuniendo estas referencias de tu existencia (si es que aún existís y no es que mi pobre tinglado resulta un monumento, una maciza roca de puro presente). Yo tengo desde hace unos días unos ojos para acopiar, o mejor que unos ojos, un movimiento gracioso de ojos que me permite ausentarme ahora para restablecer un círculo prodigioso. Sí, los vi y los retuve durante muchos días hasta que logré darles su destino de estante. También vi y conservé, gracias a muchos dibujos en los márgenes de mis apuntes un largo mechón que cae sobre una frente todavía incierta. Me sorprendió toparme con una nariz singularmente recta que me hizo tomar conciencia política –si es que tal cosa se puede esperar de una nariz- de tu matriz europea, bien conservada en el interior polvoriento de la provincia. Los turgentes labios están pendientes, como así también la levantisca ceja o el mohín de desagrado. Seguiré llenando esos vacíos con canciones de New Order.

Juan Lázaro Rearte

 

Es Doctor en Letras y docente de Literatura Alemana en la UBA. Tradujo obras de Klinger, Humboldt y Schiller. Es Investigador Docente en la UNGS, donde se desempeña en Lectoescritura y en Estudios de la Literatura Moderna. Integra el grupo teatral Los últimos tres, con el que estrenó Bulbus, de Anja Hilling. Como poeta es autor de Póstuma (2004), Happy Hour (2005) y de Últimos 55 min de la mañana (2009). Actualmente, prepara un nuevo libro de poesía: Teoría del archipiélago.

Ana Paula Luberti

 

Nació en Carmen de Patagones en 1976. Es profesora y licenciada en artes plásticas (UNLP). Participa en diversos salones y concursos. En la actualidad pinta y da clases en un taller en Junín de los Andes.

http://www.anapaulaluberti.com.ar

Inmaculada

 

Ave

“Brillante como una perla, blanco como la pureza de mi corazón, largo como mi esperanza y aunque de una noche… Sigue”, dice la que espera sentada en una silla mientras se mira en un espejo. Una mujer chicata se acerca y le arma un rodete con su pelo castaño un poco erizado. Intenta sostenerlo con unas hebillas pero el pelo cede. La que espera putea y la Chicata comienza a temblar, tartamudeando dice que no se preocupe, que con spray lo arregla. Me pide que le alcance una botella violeta perlado. Leo: “Laca de fijación media. Vaporizar a veinte o treinta centímetros sobre los cabellos secos y peinados. Extremadamente inflamable. No vaporizar sobre una llama o cuerpo incandescente... Hasta ahí está bien", digo. La Chicata primero rocía el espejo, luego su cara y finalmente -demasiado cerca- el pelo de La que espera.

 “Suave como el comienzo de nuestra historia de amor… Después puse algo sobre la virginidad pero…”, duda La que espera, mira hacia el techo buscando inspiración hasta que me pregunta si se me ocurre una frase que complete su poema. "Lo que escuché es una porquería. Sólo servís para llevar puesto ese vestido de mierda", le digo y sonrío para alivianar la crueldad. Ella dice que lo mío es envidia y contesto. “Si fuera vos me casaría de rojo como las prostitutas”. La Chicata sonríe tímidamente mientras clava en el rodete -con cierta violencia inusitada- cientos de hebillas.

María

“Derecha, juntas, izquierda, juntas, derecha, juntas, izquierda”, susurra La que espera, mira fijo hacia el altar, cierra los ojos, respira profundo y repite. “Izquierda, juntas, izquierda, derecha, juntas", tropieza, río y me culpa por estar desatenta. Me concentro en la cola, presto atención a cada detalle hasta que quedo atónita. La cola de La que espera está manchada. Es amarilla con los bordes marrones y un poco verdosos aunque de lejos -nublando la vista- es marrón con los bordes verdosos y un poco amarillos. La que espera me mira, sonrío y pienso “si fuera rojo no se notaría”.

Natalia Gauna

 

Nació en Tres Arroyos en 1985. Es periodista y actriz. Egresada de Artes del Teatro en Andamio 90 y de Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Buenos Aires. Trabaja como redactora para varios portales digitales, se dedica a la crítica literaria y teatral en las revistas culturales Tónica y Alrededores. Además, publica semanalmente en su blog VamosAlTeatro. Actualmente es columnista en el programa de radio América Profunda que se emite por Radio Nacional.

Diego Hernán Ibáñez

 

Buenos Aires, 1983. Estudió el Profesorado de artes visuales con especialidad en Pintura en La Escuela de Arte “Leopoldo Marechal” de La Matanza, Prov. de Buenos Aires. Desde el 2004 participa en exposiciones colectivas. En el 2007 expuso pinturas en la sala Antonio Berni de la Universidad Nacional De La Matanza, y en el C. C. “J.L.Congett” de San Justo, Prov. de Bs. As. En el 2013 obtuvo una Mención honorífica en el salón nacional de pintura “Fernan Félix de Amador”.

Contacto: diegopintura@hotmail.com

 

 

 

eso que no se tiene y se va

 

sinrazón y control, siempre quisiste esa campera // dividir: lo propio es tu lugar para lo otro // ahora unos guantes grises −harían juego− indican un camino: empezar por lo más barato para completar tu equipo de esquí // fuerza indeterminada de interpelación // y tu pudor para decir pulsión y censura // te ves rodando por el cerro catedral: ¡qué divertido es hacer culipatin con la campera náutica azul y los guantes haciendo juego! // si no fuera por// lo que raspa acá // una campera lo va a suavizar // si no fuera por // el conjunto // si no fuera por// la crema // si no fuera por esto: hay algo en el esquí, en el cerro // es el deseo en el afuera del afuera de tu mundo voluntario// lo creíste un ente, energético, irresponsable// pero no hay modo en que puedas deshacerte en el azul metalizado de tu campera // nadie puede hacerlo por vos, aparte//  todo // si no fuera por // está ahí // en la campera // en tu historia de anhelo

Mauro Lo Coco

 

Nació en Villa Santa Rita (Bs. As.) en 1973. Es licenciado en Ciencias de la Comunicación y docente en las Universidades de Buenos Aires y Lomas de Zamora. Desde 1997 dirige la revista Pesca Fácil. Publicó Ricardo Gravitando (Ed. Del Dock, 2003), niño cacharro (zindo&gafuri 2010), La justicia del suelo (Determinado Rumor, 2012) y 18 éxitos para el Verano (zindo&gafuri, 2012). Es autor de libros y artículos sobre didáctica de la escritura. Fue publicado en diversas antologías. twiter: rosamantequerarosa mantequera.

Pablo Leguizamón

 

Nació en 1979. Es Licenciado en Museología de la UMSA, fotógrafo, reportero gráfico y docente de fotografía. En el año 2006 estudio sistema zonal con el Prof. Tomas Terroba. En 2008 y 2009 estudió fotoperiodismo en ARGRA con los docentes Juan J. Traverso y Tony Valdez. En el año 2013 curso “Fotoperiodismo Contemporáneo” en la Facultad de Ciencias Sociales (UBA) con el Prof. Julio Menajovsky.  Actualmente es colaborador de diferentes medios nacionales y del exterior.

http://pabloleguizamon.com.ar

Seis

 

Un riesgo, un aumento, un excremento. Nada.

Un vuelto, un zapatito, un lavadero. No.

Un cólico, un cálculo, un natatorio. No.

Un mago, una paloma, una foto. Nada.

 

Un subterráneo, un chichipío, un cobre. Nada.

Un dedo, un dedal, un Dédalo, un pedal. No.

Un mártir, un crimen, un placer, un vómito. No.

Un helado, un petardo, un abductor. Nada.

 

Un kilombo, una destitución, un asceta,

nada. Un box, una neurona, un más o menos,

no. Una muela, una suela, un obelisco,

 nada. Un poeta, un atleta en camiseta.

 

                      Un metro, un tetra, un champán, un dialoguemos,

                      no. Un pie de página. Nada. Un asterisco.

 

Pertenece a Doble de riesgo, Alción, 2011.

Cristina Lobaiza

 

Nació en Santa Fe en 1958. Poeta, dramaturga, escritora, artista correo y artista visual. Vive y trabaja en Buenos Aires. Publicó En memoria nuestra (2002), Locas y fuertes relatos de mujeres (2003), Fondo de Cielo (2004), Cross talk (2008), Bichos y Bichas del cortejo (2010), Doble de riesgo (2011), Her (2013). Recibió premios nacionales e internacionales; Realiza muestras individuales en España y en Buenos Aires y participa de numerosas muestras colectivas y publicaciones.

Fernando Polito

 

Nació en Quilmes, Bs. As. en 1975. Estudió en la EMBA “Carlos Morel” de Quilmes y egresó como Profesor Superior de Artes Visuales con orientación en grabado. Es profesor de grabado en la EMBA,  en el ISFA “Manuel Belgrano” C.A.B.A., y dicta un Taller de Grabado y Serigrafía en el ECuNhi. Ha obtenido importantes distinciones nacionales e internacionales. Ha realizado 6 muestras individuales y participado en más de 50 muestras colectivas. Trabaja en su taller de la Cdad. De Quilmes.

Contacto: fernandopolito@hotmail.com

Fetiche

Grabado en linóleo 3 colores

21 cm X  29,7cm - 2014

 Enanos

 

Querida Emilia,

te escribo con la esperanza de que me puedas ayudar. Sé que vas a recriminarme no haberte escrito antes o acordame de vos sólo cuando necesito algo. Pero siempre pienso en vos. Yo no te culpo de haberte ido: Buenos Aires tiene muchas luces y acá sólo me tenías a mí. La casa es grande y, sin mamá ni vos, yo nunca la podría llenar.

Tu habitación está tal como la dejaste. Si venís, ni cuenta te das que pasaron quince años. Eso sí, no te voy a negar que a veces entro y reviso tus cosas. Por eso te escribo. Encontré todo lo que coleccionábamos juntas: el papel de carta, los frascos vacíos de perfume y, claro, las cosas de los enanos. Los papeles de carta los usé todos. Los frascos, no sé, ocupaban mucho espacio y un día se me dio por tirarlos. Pero lo de los enanos nunca lo abandoné: es nuestra colección. Nuestra.

Encontré tus anotaciones (estaban en el fondo del tercer cajón). Seguí tu receta paso a paso: atarlo, dejarlo al sol, cortarle el pelo, bañarlo en sal, las orejas estiradas, papel secante debajo de la lengua; después de seis días, recién ahí pasarlo a la caja, con las manos y los pies bien sostenidos en los ganchos; y por último, el celofán, para admirarlos, uno al lado del otro, cada uno con su ropita y su expresión.

Pero no me sale bien. Me da un poco de vergüenza admitirlo: a veces siento como si me miraran. Sí, ya sé que es imposible, Emilia, aunque creo que me entenderías si vieras todos esos ojitos abiertos, brillando desde atrás del celofán.

No sé, quizás me acuerdo mal. Quizás vos mandabas a comprar a los enanos, y yo, de ingenua que era nomás, pensaba que los cazabas vos. Y no sé qué hacer. Acá en el pueblo ya ni quedan enanos, y por la zona, cada vez menos. Petisos hay, claro, pero no es lo mismo.

Seguro a vos en Buenos Aires te quedan mucho más lindos que a mí. Por eso te escribo. Vení, volvé. Enseñame cómo lo hacés. Y acá, las dos juntas, con los enanos, todo puede ser como antes, como cuando éramos chicas.

Te espero, Valeria.

Fernando Chulak

 

Tiene 33 años. Estudió algunas cosas, intentó otras. Mientras, escribía cuentos. Finalista del Premio Itaú 2011 y 2012, y del Manuel Mujica Láinez 2012. Ha publicado relatos en diversas antologías. Es fundador y CEO del blog

http://actosfallidos.tumblr.com

Feitiço - Serie Exuviae

Spirĭtus dlV

 

Es el alias de María de la Vega. Bs As, 1972. Profesora Nac. de Bellas Artes (2002) Su obra abarca diferentes disciplinas como la pintura, el dibujo, la fotografía, el canto, la poesía y el videoarte. Desde 1996 expone en forma individual y colectiva a nivel nacional e internacional. Realiza desde el 2002 hasta la fecha, el proyecto literario DIAS y actualmente lleva adelante el taller de sensibilización creativa para adultos Amaku Arte. spiritusdlv.blogspot.com /mariadelavega.com.ar / amakuarte.blogspot.com

Istmo de las fauces

 

Un animal vive en mi faringe y aunque su nombre es masculino, “el istmo”, es un anillo de músculo blando que se dilata y se contrae, recibe y expulsa como una vagina. Se empaca y se pone rígido. Mi istmo de las fauces es hembra y la llamo Dévora. Ella se alimenta y yo engordo. Nunca sé donde empieza ni dónde termina, somos la misma cosa. Si me excedo ella no regula y me pone a vomitar verbos sin conexión. Palabras revoleadas al aire.

 La primera sílaba vale 3,1416. La segunda no vale nada. PIJA en cualquier mandíbula que cae hacia abajo de manera sensual y un labio inferior que ostenta voluptuosidad y se hunde. Mastico la palabra hasta que húmeda se coagula y la guardo en la mejilla interna como un hamster. La JOTA y la A estimulan los pilares anteriores al paladar. No dejo que ésta sílaba, jadeante, llegue más allá de la amígdala. Si me paso de la línea y la palabra se acerca de más, ella la devorará entera. Prefiero dejarla en el límite y masturbarme la garganta. Dévora me traiciona. Quiero educarla pero es rebelde. Traga cuando no hay que tragar y vomita cuando no quiero hacerlo. La saliva se junta debajo de la lengua, llevo el agua viscosa hasta el límite de la voluntad. A orillas de mi istmo de las fauces hembra que aprovecha la oportunidad y deglute todo junto. Dévora me dice que soy solo una cavidad húmeda que traga y vomita. No voy a escucharla. Me agacho sobre el inodoro. Hundo dos dedos hasta el final del paladar duro. Una uña roza la campanilla. Una convulsión en el estómago. Dévora estanca las frases en sus paredes blandas, ahora endurecidas. Quiero tocarla con el anular y el índice, algo tiene que hacer: tragar o vomitar. Se queja y un alivio masoquista me recorre. Deja salir un poco de baba grumosa que me chorrea por la comisura junto a las palabras sin concepto. De pronto están vomitadas sobre la tapa del inodoro que no llegué a levantar y así sueltas no dicen nada. Las acomodo. No dicen nada. Me quedo muda.

Mariana Komiseroff

 

Nació en Buenos Aires, en 1984. Estudió dirección y crítica de teatro. Fue finalista de los concursos “Cuento raro” de Outsider e “Itaú cuento digital” (2012). Publicó relatos en varias antologías y en las revistas Lamujerdemivida y Casquivana. Ganó el segundo premio de “Itaú cuento digital” (2013). Suburbano ediciones acaba de publicar su ebook de cuentos Fósforos mojados en la colección Absurdia & Suburbia. En 2014 Editorial Conejos publicará De este lado del charco, su primera novela.

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