capítulo 4 DINERO

Jonas Ericson
Ilustración digital
2013

Jonas Ericson

Nació en 1973 en Uppsala, Suecia. Dibuja y experimenta con imágenes diariamente desde 2011. Usa una mezcla de medios tradicionales y digitales. Es autodidacta. En 2012 dejó de trabajar como fisioterapeuta porque sufre de una enfermedad neuromuscular. El dibujo y la pintura le han dado energía e inspiración para manejar esta nueva etapa en su vida. IG JE

Efectivo

Buenas tardes señor. Buenas tardes. ¿En qué puedo servirlo, señor? Estoy buscando un modelo de alta gama… ¿Algún modelo en particular? Estaba considerando aquel, el deportivo verde. Oh, excelente elección. Es un vehículo de gran potencia y velocidad final, señor. Aceleración de cero a cien en cinco segundos, motor de tres litros con dieciséis válvulas a inyección servo comprimida. Está inspirado en el concept car que la marca presentó en el Salón del Automóvil de París del año pasado. Sólo entraron cinco unidades en el país. Ajá… ¿Y con qué beneficios cuenta? Con este modelo tiene prioridad de paso en cualquier esquina. No importa si viene por derecha o izquierda, o si sale de una cochera. Incluso puede pasar semáforos en rojo, señor (sonríe). El color del auto es alegórico. ¿Sólo eso? ¿Por ese precio, semáforos rojos y nada más? Bueno, puede optar por la versión XGT, el modelo plateado que está justo al lado, que además le permite estacionar en cualquier lugar que lo desee, incluso en espacios reservados para discapacitados y embarazadas. Eso está muy bien, pero andaba buscando algo más… Las calles están difíciles, uno nunca sabe con qué se va a encontrar al doblar una esquina o cruzar una bocacalle… Bueno, si me permite sugerirle, entonces, el Clase AB1. Tiene detalles de terminación que se realizan a medida del comprador. Pero además lo exime de cualquier tipo de responsabilidad en caso de atropellar peatones imprudentes. Incluso lo exceptúa de la necesidad de detenerse para socorrer o siquiera de llamar al 911 (el comprador asiente y el vendedor vuelve a sonreír, casi a modo de disculpa). Claro que un modelo como este no está al alcance de cualquiera… No hay problema (pone una hinchada valija de cuero marrón sobre el mostrador). Pago en efectivo.

Hernán Domínguez Nimo

Nació en Barracas, creció en San Telmo y vive en Flores. Sus relatos han sido traducidos al inglés, francés, japonés y griego, y fueron publicados en diversas antologías y revistas, digitales y de papel. “Moneda común”, ganador del Concurso Fobos en Chile, integra la antología Panorama Interzona / Narrativas emergentes de la Argentina (InterZona, 2012) de Elsa Drucaroff. Blog: HDN

Jorge Martín Salas
Sin título
Tinta sobre papel - 2014

Jorge Martín Salas

Diseñador gráfico y Lic. en Gestión del Arte y la Cultura. Mi trabajo incluye dibujos, tintas, acrílicos y objetos donde intento investigar los límites de las formas como procesos geométricos. Actualmente soy colaborador de Proyecto La Estrella, una iniciativa de integración social a través del arte. Blog: JMS
Web: JMS

Denominación

En el barrio donde viví cuando era chico, tuve un vecino al que todos creíamos loco. Todos, incluso mis viejos, lo miraban pasar en silencio y con esa actitud de falsa comprensión, como quien contempla una obra de arte que no entiende pero de la que prefiere no opinar. Osvaldo – así se llamaba – había trabajado toda su vida en la imprenta del único diario local, hasta que un problema en su vista lo obligó a jubilarse anticipadamente. Era éste el motivo por el cual, decían, se había perdido en un divague hosco y gris, como las camisas que seguía usando a pesar de no trabajar más entre las tintas y el ruido de las rotativas.
Un día después de mi cumpleaños, mientras yo jugaba con mis amigos, Osvaldo se me acercó sin hablar y me extendió su mano: “Feliz día”. Cuando se fue pude ver que me había regalado un billete. Pero no era un billete normal, no había próceres; sí en cambio el retrato de un hombre desconocido. Lo guardé hasta el día siguiente; cuando traté de comprar alfajores en el kiosco y no supieron sin reírse o llevarme a la rastra hasta mi casa y mostrarle a mi vieja lo que estaba tratando de hacer.
Con el tiempo, más de esos billetes empezaron a aparecer por el barrio. Todos mis amigos tenían uno, o varios. Se agarraban a las trompadas limpias por el número de denominación. “El mío es el A, seis ceros, quince” “¡Y qué, el mío es el A siete ceros, tres.” Pasaron a ser coleccionables, manía que duró todo un verano; hasta que la situación empezó a tornarse más extraña. Nunca voy a saber si fue por la crisis, o porque nos fuimos acostumbrando, lo cierto es que esos billetes que Osvaldo imprimía en su casa con una vieja máquina comprada con la plata de la indemnización, comenzaron a tener valor para los comerciantes de la zona. Recibí uno, incluso muchos años después de haberme ido del barrio, como vuelto de un kilo de pan y media docena de facturas. Por suerte, mis amigos nunca se enteraron de que Osvaldo me había regalado el A, siete ceros, uno.

Nicolás G. Enrique

Nació en Nogoyá (Entre Ríos). Vive en Rosario y estudia el profesorado en Lengua y Literatura. Es editor, junto con su hermano Alejandro, de la editorial Reloj de Arena. Integró la antología Poetas Rosarinos, VII concurso de poesía, UNR (2008), y autor de los libros de cuentos Noche Mutilada (2007) y Crímenes viajes gente (2011).

Víctor Festa
Arabesco
Dorado a la hoja sobre MDF - 2013

Víctor Festa

Nació en 1980. Es profesor y Lic. en Artes Visuales (IUNA). Actualmente trabaja sobre la disfuncionalidad de las artes decorativas, indagando en los resultados del divorcio entre el binomio forma / función. La dimensión estética como fin en sí mismo deviene en barroca. Como metáfora, al igual que el dinero, adolece del permanente alejarse de su función y referente. Muta así en fin último y su búsqueda la perpetúa en lo interminable; en lo añadido, en el giro de más, en el ornamento. Blog: Victor Festa

Luces

Los árboles de navidad son camaleónicos: nunca logramos vestirlos como el año anterior. Una vez abiertos todos sus brazos verdes, terminado el cruce de cintas y el momento de los colgantes, observamos que la proporción colgantes-cintas no nos convence, que las luces no titilan o lo hacen de manera extravagante, que les falta algo así como un detalle final arriba de todo.
Yo sabía que la elección de las luces era importante. Pero elegí por el precio. Y eso fue lo que lo arruinó. Estas luces de colores que no parpadean hacen que mi árbol no se vea lindo: parece una caricatura, un pobre arbusto que tiene las luces más grandes que los adornos. Ahora, al observar a otros paraditos en los negocios o en las entradas de los edificios, me doy cuenta de que las luces blancas que no compré, las más pequeñas y que titilan suavemente, tienen ese “toque” que le falta al mío: estilo, presencia, sobriedad, delicadeza. Eso es: delicadeza.
Con este árbol me quedé ahora que se fueron nuestros parientes: me mira como un centinela desde mi costado izquierdo. Como debimos usar la mesita donde estaba, desde el piso parece aún más pequeño. Mi centinela parece hablarme: soy tu maqueta de árbol, no me gusta la ropa nueva, estoy rígido porque estoy enojado.
Una mezcla de celestes, fucsias, verdes y amarillos permanece. Estuvo así, encendido, toda la tarde. Las luces deben estar recalentadas. Ya todos están durmiendo. ¿Por qué no lo apago? ¿Por qué no me duermo yo también? Los dos acá, ahora más visibles nuestras burdas máscaras, ocultadoras de carencias tras sus destellos de segunda mano y mi vestidito también usado la navidad anterior. Una copa de vino tinto refleja las luces de mi acompañante, enano finalmente, casi agazapado al costadito del sillón. Ambos permanecemos en la noche y somos y hacemos solo eso: permanecemos. Único testigo de mi momento de absoluta tristeza, sin embargo, mi maqueta de árbol es también tristemente lo único más parecido a un ser vivo en esta casa.

Adriana Márquez

Nació en 1972. Es Licenciada en Letras por la Universidad de Buenos Aires y docente del Taller de lectura y escritura en Semiología (CBC - UBA). También ejerció la docencia en varias universidades nacionales. Asistió a los talleres literarios de Hebe Uhart y Hugo Correa Luna. Publicó el libro de relatos De paso (2013, Editorial Simurg). Anteriormente, un cuento suyo fue incluido en la antología Buenos Aires no duerme (1998).

Fabián Zanardini
Sin título
Fotografía, toma directa. 2013

Fabián Zanardini

Nació en Buenos Aires en 1971. Egresó como profesor de la Escuela Nacional de Bellas Artes Lola Mora. Se dedica a la fotografía intervenida. Miembro fundador de 4 Gatos Espacio de Arte. Practica Arte Correo y expone sus obras en muestras colectivas e individuales en el país y en el extranjero.

El monedero

Durante mucho tiempo la única fuente de la que obtuve dinero fue el monedero de mi mamá. De allí extraje furtivamente por casi dos décadas monedas y billetes. Saber dónde estaba guardado era entonces de vital importancia. También lo era calcular cuánto podía sacar sin que ella lo advirtiese. Fui aprendiendo. Una vez, cuando era un novato, tomé audazmente de un cajón el dinero reservado para el gas, que en ese entonces venía envasado en unos tubos altos que parecían soldados espaciales, y fui al kiosco a hacer una importante compra. De inmediato el quiosquero comunicó a mi familia el grueso billete con el que me había aparecido por la ventanita de su local. No volví a dar esos golpes, desde ese momento me especialicé en el robo hormiga. Y así, si no me gastaba de inmediato el dinero que había conseguido, hasta podía ahorrar. Pero aunque me comprara con él algo interesante, pensaba apenado “estoy dilapidando mi fortuna”. Cuando en el catecismo nos dijeron que íbamos a confesarnos, supe que tenía que hablar de eso. Dije “hurté” como protegiéndome con una palabra que nadie utilizaba. Esperaba que el cura me pidiera detalles. Me parecía tan probable que dijera que era algo imperdonable como que le pareciera lo más natural del mundo. En esa época le habían sacado ceros a los billetes y muchos los nombraban por el color. Una tía prefería los números pero si algo salía treinta, ella decía tres mil. Los que la escuchaban alzaban las cejas del sobresalto. Para evitar confusiones, el almacenero había colgado, como si fuera un edicto del rey, un cartel que explicaba cómo hacer la conversión. Arriba del cartel, sobre un estante, apareció un día un monedero muy parecido al de mi mamá. Desde hacía unos días no lo encontrábamos y se sospechaba que lo había perdido mi hermana. Ella misma le preguntó tímidamente al almacenero si se vendía. Él se lo devolvió de inmediato, ese monedero no tenía precio.

José Fraguas

Es editor del sello independiente Cencerro. Publicó el libro de relatos Señora grande (Casa Nova, 2011) y participó en la antología Cuaderno nuevo (Blatt y Ríos, 2012). Es docente en la UBA e investigador en la UNGS.Blog: El Cencerro

Leticia Paolantonio
Alcanzar
Tinta sobre papel - 2013

Leticia Paolantonio

Soy Profesora Universitaria en Artes Visuales, egresada de la histórica Pueyrredón y el IUNA. Estudié arteterapia, historia del arte y fotografía, entre otras cosas. Trabajo en colegios y en el IUNA, tengo un taller fijo (el Taller Violeta) y uno ambulante (Arte Andarín) con el que llevo el arte a escuelas y jardines, cumpleaños y eventos. Este año publiqué junto a Nicolás Hochman el libro Construcciones. Me gusta hacer listas, me aburro fácilmente y además de ser mamá, dibujo.

Te ganarás el pan

Los llevé a la calesita. Para mirar. Los tenía agarrados fuerte de la mano. Y ellos festejaban cada vez que pasaba por delante el caballito blanco y feliz.
Si les compraba las vueltas no me alcanzaba para el pan.
Los dos paraditos a mi lado y sonrientes.
Dame dos vueltas...
Me abrazaron. Se abrazaron. Subieron. A los dos les gustaban los caballitos. Se treparon y los até. Empezó la música y me mareaba. El viento llevaba las canciones por el cielo. El cielo azul del barrio.
¡La sortija! ¡La sortija! Paula es la campeona. Una y otra vez.
La pulga es muy chiquita y no alcanza. Pero el pibe sabe y lo deja llegar.
¡La sortija! ¡La sortija!
Muchas vueltas. Que giren autos, elefantes, cisnes. Que el viento les enrede el pelo. Que el vértigo les dé cosquillas en la panza. Que sean felices porque sí.
En casa junto Let it be, Almendra, Mediterráneo; les quito el polvo. No seas fetichista. Son discos, nada más. Ya no los escuchás. Vamos al Parque Rivadavia. No sé cómo se hace. Me da vergüenza. Los muestro y el tipo los mira como que no. Es injusto. Son bellos. No se consiguen más. Los amo. Me da un billete. Los chicos corren entre los puestos y se esconden. Oigo sus carcajadas.
- Un kilo de pan…y dos facturas, por favor, pido sonriente.

María Cabanne

Vivo en un bosque al lado del mar. Soy Licenciada en Letras por la Universidad Nacional del Sur. Necesito escribir, hacer collages, sacar fotos. Doy clases en un Terciario estatal en Villa Gesell. En verano hago tortas de manzana, cookies, dulces y panes.

Hilda Paz
Amuleto de supervivencia cotidiana
Collage sobre tela 2014

Hilda Paz

Nació en Buenos Aires. Participa en bienales de gráfica, exposiciones de libro de artista y poesía visual. Ganó el premio Gubia de Plata 2005 de Xilon Argentina. Es autora junto a Claudio Mangifesta del libro Poemas visuales 2011, y edita junto a Claudio Mangifesta y Juan Carlos Romero la revista de poesía visual La Tzara.

Si temés dinero
vení y enseñame.
Si tenés dinero mirame de frente y transmutá.
Iba siempre muy bien vestido y tenía abundante dinero para gastar.
Pero no gastaba, y se gastaba él.
“nace un sábado
nace una tarde
nace la pausa
espero”
Esos días que no se toca dinero, pero uno no deja de pensar nunca. Ni de escribir la palabra, tantas veces sea posible a ver si se transforma
la palabra dinero en dinero.
DINERO, MONEY, GUITA, TARASCA, toda.
Como sea.
u$ $ $ $ $ $$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$
Los pesos, los dólares, los petrodólares, libras, liras, euros, reales. Yo extraño el austral, el austral de la primavera, que salían expulsados del bolsillo como el polen entra en nuestras narices en esa nefasta época del año, que arranca cada 21 de septiembre. En situación económica precaria, mientras vivía en Londres, Pound creyó que podía obtener dinero a través de la prosa, por lo que se planteó un proyecto de novela, que consistió en una tarde o dos de trabajo desesperado y frenético para conseguir unas 30 páginas, que procedió a quemar.
Y así salvó su obra, la que no se podrá apagar.
Por dinero, el falso poeta entrega todo, se entrega a las noveluchas, a las colaboraciones, al presente continuo de una diarrea que maltrata las almas buenas. Hay que vivir en el futuro para escribir poemas.
Bacon pintó a Freud, Lucien y hoy valen millones, obras en manos de estafadores. Ahí tenés.
El dinero es el lugar donde se esconde el miedo..

Nicolás Castro

Poeta. Escribo desde hace tiempo, poemas. Fundador y productor de Más poesía Menos policía. En el 2010, publiqué mi primer libro de poemas: La pelusa del Jardín. Soy manager de bandas en Elvis Attack, y editor de poesía en Santos Locos editorial. Soy hincha de Atlanta. @trocasni

OmarOmar
Ese Once
Ilustración digital, 2013

OmarOmar

Nació en Buenos Aires, Argentina en 1970. Estilista del Pensamiento –Argentinista Mágico– Artista Plástico Marcial. Aúna en su trabajo Poesía Visual, Proyectos Objetuales, Arte Correo e Intervenciones Urbanas. Fundador de aura (publicación de Poesía Visual). Fundador del “EquipoAlamarchanta (grupo de Arte experiMental). Socio fundador de A.V.A. “Asociación Vórtice Argentina” (asociación civil de artistas visuales). Participa en exposiciones individuales, colectivas y publicaciones internacionales.IG: OmarOmar

Tesoro

Custodiar sumas de dinero ajenas puede ser un compromiso incómodo, obsceno y hasta perturbador. Ni siquiera pensarlo cuando ese custodio es un niño. Así fue como a las manos de Valentina llegaron para su cuidado unos miles de pesos del bingo realizado con sus compañeros de 7 grado. El gran objetivo: realizar el viaje de fin de curso. Allí se tenían en cuenta los pasajeros liberados, los buzos con la leyenda “egresados 2000” y la ilusión de llegar a la ciudad del reloj Cucú. Valentina guardó el fajo en un sobre reforzado con cintas adhesivas de todos los tamaños. Lo puso en el fondo del cajón para cada noche deslizar su mano despacito hasta él y asegurarse de su presencia. Estaba más que tranquila de que no corría riesgos. Lo había camuflado entre bombachas, medias, pañuelos y hasta el rosario de perlas de su primera comunión. Pasados unos días, cuando el ritual había dejado de ser efectuado asiduamente, su instinto de responsabilidad hizo que la operación “tanteo” se repitiera. Tarde. En esta ocasión no encontró nada. Buscó, sacó el cajón, revisó los de abajo, pensó que de tanto manosearlo lo había empujado hasta el fondo. Insistió entre las cajas de zapatos. Sudó frio. Quiso gritar. Sufrió. Sospechó. Pensó en su madre cuando aquella noche al regresar le dijo que lo escondiera bien porque en casa había problemas de plata. “No vaya a ser cosa que tu papá…”. Valentina respiró hondo y, tratando de que los latidos de su corazón no la aturdieran, fue hasta la cocina. “Pa, ¿vos agarraste un sobre de mi cajón?”. “Sí, la semana que viene te devuelvo todo, Valen. Tenía la cuenta en descubierto… No pongas esa cara, che... Ah, y no le digas nada a tu madre. Viste cómo exagera.” No pudo contestarle. Agachó la cabeza. En el fondo, ella lo comprendía. Como también comprendía que la recaudación estudiantil no iba a volver, que su mamá le pediría ayuda a la abuela otra vez. En fin, sabía casi todo, excepto que romper el “Edipo” iba a ser tanto más caro.

Verónica Giorgetti

Nació en la provincia de Córdoba en 1980. Vive en Buenos Aires. Es licenciada y profesora en Letras (UBA). Trabaja como docente. Colabora para la revista de cultura, arte y comunicación Efecto Kuleshov

Silvia Lissa
Mirada en efectivo
Técnica mixta, 2013

Silvia Lissa

Nació y vive actualmente en Chajarí – Entre Ríos. Profesora de Artes Visuales, con especialidad en Dibujo y Grabado. Dedicada al grabado, arte correo, poesía visual y libros de artista. Participa de muestras individuales y colectivas a nivel nacional e internacional. Seleccionada y premiada en diferentes salones nacionales e internacionales.

foto del texto de Eloisa OLiva

Eloísa Oliva

Nací en 1978 en Buenos Aires, y actualmente resido en Córdoba. Textos míos han sido publicados en diversas antologías de poesía y narrativa, y publiqué los libros Humus (La Creciente, 2005), 1027 (Nudista, 2010) y El tiempo en Ontario (Nudista, 2012). En breve se publicará mi primer librito de narrativa Extracto del diario de Ana B un mes antes de cumplir 30 años por Sofía Cartonera, de la FFyH UNC. Parto del afecto como herramienta básica de construcción de los vínculos y del trabajo.

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